Hola amiguitos:
Qué tal? Bueno nosotras seguimos por aquí, dando nuestros últimos coletazos. Hace mucho que no escribimos, pero es que hemos tenido tarea, llegaron dos importantes visitas españolas, Conchi y Kiko, con los que había que ser buenas anfitrionas. Además por aquellas fechas nos despediamos del laboratorio de biomédicas en el que hemos estado.
Para despedirnos del laboratorio nada m
ejor que hacer una comida española: Paella, pan tumaca y huevos rellenos, además de turrón jeje. Triunfó la paella y eso que el tráfico del D.F. nos hizo llegar casi a las 5 de la tarde a la universidad desde casa, un poco más y matamos de hambre a la gente. Además celebrabamos tres cumpleaños y la Jefa compró unos pasteles riquísimos. 
En la foto aparecemos todos los del laboratorio después de la comilona.
De tal modo que terminaba el trabajo y comenzaban las vacaciones así que, cual chino con su cámara, nos lanzamos a turistear por la Ciudad de México y por sus alrededores.
Venir a México y no ir al Pacífico es como ir a Madrid y no probar el cocido madrileño…bueno o casi. Pero lo que está claro es que no nos podíamos volver sin ver el Océano Pacífico, así que cogimos el camión (autocar) y nos presentamos en cinco horitas en Acapulco, sí Acapulco, ese lugar que aparecía casi siempre en Vacaciones en el Mar jejeje. No da para mucho estar en un lugar dos noches y dos días, pero la verdad es que lo disfrutamos pero bien.
La Playa estupenda, aunque claro te metías y a parte de una corriente de la leche a los tres pasos ya te cubría, pero no creais que te iba cubriendo poco a poco, no!. Te llegaba por las rodillas avanzabas un paso y ya te cubría. Pero dió igual, alquilamos unas tumbonas y una sombrilla y estubimos todo el día, a cuerpo de rey, si pedíamos unas bebidas o algo de comer nos lo traían hasta donde estabamos tumbados.
Por la noche fuimos a visitar la Quebrada, un acantilado de unos 35 metros desde el que se lanzan de cabeza o de cualquier otra forma los Clavadistas. Los Clavadistas son unos profesionales que esperan pacientemente en el acantilado hasta que la ola llega, en ese momento se tiran y con una pirueta caen en el agua. Si no esperaran a esa ola entonces la profundidad del mar sería tan pequeña que probablemente se darían con el fondo.
Después de esto volvimos al D.F.
Seguiremos escribiendo algunas otras visitas.
Muchos besos. Un saludo.


















